El Aroma de las Diosas
Querido neo
viejo amigo,
veo que la
vida te ha puesto frente a otras encrucijadas.
Que miráis
la pradera, hoy desde lo alto,
y cuan lobo
estepario hueles a distancia
el aroma de
las Diosas.
Tamañas
aventuras esperan por vos.
Te observo
bien apertrechado
con vuestro
sable y armadura
con el casco
acerado, y el escudo
fabricado en
rigurosos metales.
Cabalgáis
confiado, colina abajo
con el
corazón adolescente
y los sueños
llenos de Dulcineas
Pero dejadme
advertir algo
osado aventurero,
las
verdaderas Diosas son inmunes a tus armas,
y doy por
sentado que cuando cabalguéis brioso
en los
valles bacanales,
parte de tus
extremidades se esparcirán por el campo,
quizás al
principio, sin notarlo
al fragor de
la sangre de un pecho ardiente
y la testosterona
anestesiando el miedo.
No toméis querido
amigo esta advertencia
como una
invitación a evitar el riesgo,
actitud
reservada a los cobardes,
y a los
teóricos de la vida.
Al contrario,
ve.
Ve con tu
inservible armadura plateada
y cruza
atrevidamente todos los riesgos y los peligros.
Ya curarás
tus heridas
con la
fuerza del fuego
y la pureza del agua.
Sólo intento
que no olvidéis una pequeña gran cosa,
y es que,
cuando
reconozcáis lo pueril de tu armamento
no intentéis
desesperadamente empuñar otro.
Mantén
siempre un corazón de noble caballero.
Reconoce tu inhabilidad
frente al
misterio de sus pócimas,
y quizás
allí,
quizás allí
tus labios rocen,
el sabor de
la ambrosía.
M : O : R

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