Bueno, levántate ya,
todo ha terminado
la hoguera cegará con la vaguada costera,
y también serán borradas tus huellas de la arena.
Has hecho lo correcto,
libraste la mejor batalla,
aquella que no desenfunda armas
ni exhibe vísceras a los buitres.
Ensilla tu corcel y
cabalga,
con el viento desordenado tu cabello
y el oxígeno gélido invadiendo tus pulmones.
Recorrerás ahora otras sendas
con el sol siempre en el oriente.
Cabalga de una buena vez,
con los ojos abiertos -o bien
cerrados-
y recuerda:
el destino es el camino.
M O R
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