18/11/16




Las raíces comenzaron a alimentarse de mi vientre,

pero no era el ser devorado la sensación que inundaba al cuerpo en ese ocaso del día,

sino el sentimiento de pertenencia, de ser uno, con la naturaleza y el todo.


Una especie de esfera energética anidó en lo que los orientales llaman el ara.

El centro gravitacional parecía cambiar, 
o quizás simplemente tomaba consciencia de su verdadero eje,


las claves estaban calzando, 

así como en un rompecabezas de maderas nobles


mor


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