23/2/17



Cuando la apariencia nos muestra su fragilidad,
corremos hacia lo inmanente
con algunos grados de desesperación.

Estamos, y no estamos,
o más bien, estamos conscientes de la dimensión visible del ser,
a pesar de lo que la mayoría de lo que nos mueve
viene del mundo intangible.

Cuando la apariencia nos muestra su fragilidad
intentamos diálogos imaginarios,
balbuceando algún tipo de lenguaje,
que nadie se ha empeñado en enseñarnos.

Quizás es desidia,
o quizás es la formación occidental,
castrada de sutilezas,
obnubilada  por  protocolos y maquinarias.


M.  O.  R. 


( REGISTRO: ARBOLEDA EN ÑANCUL )


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