Cuando la apariencia nos
muestra su fragilidad,
corremos hacia lo
inmanente
con algunos grados de
desesperación.
Estamos, y no estamos,
o más bien, estamos conscientes
de la dimensión visible del ser,
a pesar de lo que la
mayoría de lo que nos mueve
viene del mundo
intangible.
Cuando la apariencia nos
muestra su fragilidad
intentamos diálogos imaginarios,
balbuceando algún tipo
de lenguaje,
que nadie se ha empeñado
en enseñarnos.
Quizás es desidia,
o quizás es la formación
occidental,
castrada de sutilezas,
obnubilada por protocolos y maquinarias.
M. O. R.
( REGISTRO: ARBOLEDA EN ÑANCUL )
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