Las alas
Tomó el vaso dejado el día anterior sobre su mesa de
noche, tenía ciertas dudas de beber el agua, siempre pensaba que algún microbio
o bacteria se podría depositar sobre ella en esas largas horas de reposo. Al fin, despejó sus miedos un tanto
obsesivos, y permitió que el líquido fresco le inundara la garganta.
Era un día más, claro (no) era como todos los días.
Abrió con suavidad la puerta de la terraza, esta vez el frío aire matinal le inundó
los pulmones, terminando de despertarlo en el preciso límite de aquella
frontera. Fue en ese momento, cuando alzó la vista y observó, en el reflejo de
los cristales, las coloridas alas mansas que asomaban tras su espalda.
M O R
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